El encierro en España: tradición, peligro y debate… con la mirada reflexiva de la princesa Leonor
Por Leonor, Princesa de Asturias
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Como joven y como heredera, me siento unida a la historia y a las tradiciones de España. Desde pequeña he aprendido que nuestras fiestas populares son una forma de identidad y de unión comunitaria. Entre ellas, el encierro de toros es quizá la más conocida y también la más discutida. Cada verano, en ciudades como Pamplona o Cuéllar, miles de personas acuden para participar o simplemente observar. Para unos es emoción, para otros, peligro y crueldad.

El caso reciente del corredor neerlandés
La noticia de un participante de 58 años, Randy Harms, herido de gravedad al ser alcanzado por un toro de más de 500 kilos, me impresionó profundamente. Él mismo relató después que sintió cómo el cuerno atravesaba su pierna. Los médicos dijeron que estuvo a punto de perder la vida. Al escuchar estas palabras, pienso en lo frágil que puede ser el límite entre la fiesta y la tragedia.

Una tradición que divide
Sé que para muchas familias españolas el encierro forma parte de la cultura, de la música, de la pólvora y del sentimiento colectivo de las fiestas. Lo respeto. Pero también escucho, como mujer joven de mi generación, las voces que piden cambios. Cada vez son más quienes consideran que es un espectáculo que no corresponde a la España de hoy, una España abierta al mundo y consciente del bienestar animal.
Riesgos humanos y sufrimiento animal
Los corredores asumen un peligro evidente: heridas, fracturas, incluso muertes. Pero lo que más me inquieta es el destino de los toros. Mientras los participantes reciben atención médica, los animales casi siempre terminan en la plaza, donde son sacrificados. Entiendo por qué tantas organizaciones y ciudadanos califican esto de injusto y cruel.

Mirando al futuro
No creo que el debate vaya a terminar pronto. La tradición y la cultura tienen un peso inmenso, pero también lo tienen la ética y la sensibilidad de las nuevas generaciones. Ya existen alternativas, como los encierros simbólicos con toros artificiales, que mantienen el espíritu festivo sin causar daño.
Yo deseo una España orgullosa de su historia, pero también capaz de evolucionar. Quizá el verdadero desafío esté en encontrar un camino que preserve la alegría de nuestras fiestas y, al mismo tiempo, muestre compasión hacia todas las formas de vida. Ese es el legado que me gustaría ver crecer en nuestro país.




